Julio de 2011. Otra vez en Osaka. Otra vez el calor de esta ciudad bastante parecido al de mi ciudad natal. Todos mis amigos mientras en Tokio, de vez en cuando temblando con toda la casa por el eco del gran terremoto de Fukushima. Toda la gente que quiero est:á en Tokio, esperándome, dicen. "Kite yo, matteru wa!", me dijeron no hace mucho por teléfono. Algunos están en Europa, o en América, pero la gran mayoría está en Tokio. Esa misma noche no dormí, hice la maleta, fui al Lawson de al lado y compré un billete. Sólo había de los caros para las once de la noche, así que pedí miles de disculpas a la dueña del bar donde trabajaba de ocho a once explicándole que era el único billete que había, con la mochila en la mano. Desde el bar en Namba hasta la estación de autobuses en Umeda había un buen trecho, bastante corto en metro, pero en entrar y salir del metro tardaría mucho. Entonces Haku-san, antes conocido como Kouji, un hombre de 44 años bastante enamorado de mí, con el que se supone que estaba saliendo, vino conmigo y me pagó el taxi. En aquel día me gustaba, pero ante sus quejas de "este fin de semana te vas a Tokio y me dejas aquí solo" me entraron por un oído y salieron directamente por el otro, sin pasar por mi cerebro, que estaba totalmente ya en Tokio, con Tsuchi, Sayaka, Ryuzaburo, los hermanos Katsuoka..., y Shinnosuke. Antes conocido como Shin-chan, ahora conocido como el niñato de 26 años que me dejó por gorda justo cuando me echaron de la empresa y me vino el papel de renovación de contrato del piso. Pero el poder de la música es enorme. Nunca subestimes el poder de la música. Encontrar a alguien con quien, al comparar la lista de música del iphone, ves que compartes el 90% de sus gustos musicales..., hace que te plantees cosas como desear que corte con su novia, hace que te entristezcas y a la vez te alegres cuando pase. Hace que hagas cosas tan poco españolas como esperar pacientemente a que él de los pasos a la velocidad que quiera, aprendes wabi-sabi, no todo lo que hay que saber del wabi-sabi porque es infinito, pero sí bastante para una gaijin. La música es muy poderosa. Y por desgracia me sigue gustando la misma música que a él. Llevaba el folleto del Summer Sonic de Tokio de este verano y le pensaba pedir que fuéramos juntos.
Las palabras de Haku-san, antes conocido como Kouji, el dueño del Dunk, un bar de gaijines que ya no existe, no las oía.
Wednesday, 27 July 2011
Saturday, 2 April 2011
Friday, 24 December 2010
Monday, 20 December 2010
Thursday, 2 December 2010
Monday, 29 November 2010
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